
El fútbol es esa pasión que combina amores arrebatadores y odios fraternales.
Y esa mezcla rara de amor y odio, de sentir y padecer, de llorar y reír, pega como anillo al dedo para narrar la historia del Independiente Medellín. Porque el DIM encarna para su hinchada un sentimiento que nace del corazón y recorre el cuerpo de arriba abajo. Produce cosquilleo en las piernas y mariposas en el estómago. Es como un sudor frío con fiebre que sólo calman los triunfos y los goles.
El DIM, también conocido como Poderoso; Rojo o Medallo, es como una fiesta que tiene 90 años, un amor interminable, una enfermedad que no tiene cura.
Y esa mezcla rara de amor y odio, de sentir y padecer, de llorar y reír, pega como anillo al dedo para narrar la historia del Independiente Medellín. Porque el DIM encarna para su hinchada un sentimiento que nace del corazón y recorre el cuerpo de arriba abajo. Produce cosquilleo en las piernas y mariposas en el estómago. Es como un sudor frío con fiebre que sólo calman los triunfos y los goles.
El DIM, también conocido como Poderoso; Rojo o Medallo, es como una fiesta que tiene 90 años, un amor interminable, una enfermedad que no tiene cura.
Corbata y David González, “Choronta” y Greco, “El pibe” Valderrama y Sarnari, Lóndero y David Montoya, “Mao” Molina y Ricardo Ramaciotti. Todos ellos tienen su nombre inscrito en esa historia de frustraciones, esperanzas y títulos. Son como de la familia para los que con orgullo lucen la camiseta roja, esa que con el escudo pobre de estrellas se paseó por los estadios de Colombia aguantando bromas y burlas durante décadas. Pero que hoy es el símbolo de la resistencia, del aguante, del amor sin intereses, de la pasión que se reprimió ante las derrotas y se desbordó de felicidad con las victorias y los títulos.
Carta a los lectores de Esperanza Palacio, El Colombiano para el libro "Deportivo Independiente Medellín, El Poderoso".
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