
"… y se hablaba de la mejor hinchada, por su fidelidad, y porque, aún cuando no habían aparecido las barras de estrépito, si se coreaba en tribunas y calles uno que otro estribillo. Con todo, cada vez parecía más distante otra estrella. Y esa acumulación de frustraciones nos tornó melancólica la mirada y nos dio un aire persistente de derrota. Pero, como curiosidad, no decrecía la afición. Se volvía más popular. Quizá porque en los barrios más pobres jamás se extinguía la esperanza: en un futuro de justicia. Y porque había un equipo, de mucho carisma, que se hacía querer por los perdedores.
El DIM es el onceno más ligado al corazón de la gente. Equipo de pasiones definitivas, aliado por muchos años a la tristeza. Y de ahí que los poetas sean hinchas del DIM, porque tienen un motivo para cantar, para decir, por ejemplo, que los rojos eran una expresión permanente de fracaso. De ahí, también, que sea el equipo de los que ganan el pan con dificultades extremas. Y de quienes jamás se resignan. No están hechos para la actitud cristianoide de aguantar sin resistencia.
Su hinchada, que desde hace tiempos ganó la entrada al paraíso por soportar en vida tantos sufrimientos, es la más frenética, aunque no sea la más numerosa. Está hecha para las emociones más fuertes y las más inesperadas. Durante 45 años, cada 31 de diciembre, hubo un ritual para exorcizar a los demonios de la fatalidad y pedir la redención a los dioses del fútbol: “¡Este año sí!”. Y, claro, no había un cielo de estrellas para nosotros, y más bien éramos, los feligreses de la angustia, un motivo constante de mofas. Aprendimos a esperar y, en medio de tormentas y naufragios, fuimos abriendo el camino de la victoria. Muy esquiva. Muy deseada.
Dicen que quien más piensa es quien más sufre. La del DIM, es , preciso, una hinchada de pensadores. Miren no más que es lo más granado del pueblo, acostumbrado a otras penas y a otras luchas. En cada jornada, pensando cómo resolver las calamidades y las carencias. Huele a trabajo, a humildad, a frente en alto. Qué lindo es ser hincha de un equipo cuyos seguidores jamás perdieron la esperanza.
Y así, los ojos de la tristeza de la hinchada más tenaz y bulliciosa de Colombia, se iluminaron, en 2002, con la luz de navidad de la tercera estrella. El equipo de los perdedores, de los vencidos, cambió su papel en la historia: ascendió al pedestal de los ganadores. Ya no nos pasan por encima. Y, quién lo creyera, ahora nos estamos acostumbrando a las victorias, sin perder la humildad. Por eso, adiviné la cuarta. Y, todo parece indicar, que el cielo de los hinchas del DIM cada vez será más estrellado".
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