
Entre la multitud que se agita como un bosque encantado,
Libres del deber, por el gusto del pasto, en la delicia de ver rodar,
De sentir como nace del pie la precisión que en la vida normal le arrebató la mano,
Estamos reunidos hoy en este campo donde no crece ni la cebada ni el trigo;
Somos el coro que lamenta y que festeja,
El suspiro que acompaña al balón cuando pasa de largo
y el grito entre las redes.
Nació la pelota con una piedra o con la vejiga hinchada de una presa abatida.
No la inventó un anciano, ni una mujer, ni un niño;
La inventó la tribu en la celebración, en el descanso, en el claro del bosque.
Contra el hacer, contra la dictadura de la mano,
Yo canto al pie emancipado por el balón y el césped,
Al pie que se despierta de su servil letargo,
A la pierna artesana que vestida de gala va de fiesta,
Al corazón del pie, a su cabeza, a su vuelo aliado de Mercurio,
A su naturaleza liberada del tubérculo;
A cada hueso de los dos pies, a sus diez dedos
Que atrapan habilidades hace milenios olvidadas en las ramas de los árboles.
Yo canto a los pies que fatigados de trabajar las sierras
llegaron al llano e inventaron el fútbol.
Texto publicado por la Revista Umbral, de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, México. 1992
Libres del deber, por el gusto del pasto, en la delicia de ver rodar,
De sentir como nace del pie la precisión que en la vida normal le arrebató la mano,
Estamos reunidos hoy en este campo donde no crece ni la cebada ni el trigo;
Somos el coro que lamenta y que festeja,
El suspiro que acompaña al balón cuando pasa de largo
y el grito entre las redes.
Nació la pelota con una piedra o con la vejiga hinchada de una presa abatida.
No la inventó un anciano, ni una mujer, ni un niño;
La inventó la tribu en la celebración, en el descanso, en el claro del bosque.
Contra el hacer, contra la dictadura de la mano,
Yo canto al pie emancipado por el balón y el césped,
Al pie que se despierta de su servil letargo,
A la pierna artesana que vestida de gala va de fiesta,
Al corazón del pie, a su cabeza, a su vuelo aliado de Mercurio,
A su naturaleza liberada del tubérculo;
A cada hueso de los dos pies, a sus diez dedos
Que atrapan habilidades hace milenios olvidadas en las ramas de los árboles.
Yo canto a los pies que fatigados de trabajar las sierras
llegaron al llano e inventaron el fútbol.
Texto publicado por la Revista Umbral, de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco, México. 1992
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