jueves, 24 de abril de 2008

Pasiones Que Huelen a Cesped


Las emociones que trasiegan por ese templo llamado cancha, no se detienen ante los límites rígidos que marca la cal. Angustias, tensiones, alegrías, miedos, dudas y rabias que como fantasmas rondan los espíritus de los deportistas, invaden por igual al hincha anónimo sembrado en el cemento de la tribuna y a aquellos que como seres petrificados están en manos de la tele o de la radio.
Una pelota que por milímetros no cruza la raya, un reloj implacable que marcha sin que llegue la igualdad, una decisión arbitral que frustra el sueño de campeonar o el travesaño que hace rebotar la esperanza del gol que ahuyentará la derrota, son apenas un mínimo de las situaciones que suceden en una cancha y que sintonizan los sentimientos de futbolistas e hinchas. Pero el flujo de afectos y desafectos es recíproco. La cancha es también receptáculo del ánimo que tiene el sello de la cotidianidad del asalariado, del desempleado, de funcionario gris, del patrón omnipotente o del profesional que aún se ve muy abajo en el organigrama de la empresa. Carencias, amarguras, conflictos no resueltos, humillaciones y sentimientos afines salen disparados a voz en cuello y con el puño en alto hacia el jugador contrario, el árbitro e incluso contra el equipo amado cuando éste no lo ha recompensado con el triunfo.
Pero aún en el peor de los sentimientos, inexorablemente habrá cabida para el afecto que en una u otra dirección siempre inspirará la redonda.
Gonzalo Medina

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